Una celebración de alegría, memoria y agradecimiento que nació en el desierto y continúa hablando al presente
Después de Rosh Hashaná y Yom Kippur, el calendario judío llega a una celebración de un carácter diferente: Sukkot, conocida como la Fiesta de los Tabernáculos o de las Cabañas.
En 2026 comenzará al atardecer del 25 de septiembre y se extenderá hasta el 2 de octubre.
Durante estos días, muchas familias judías construyen una sukkah, (una estructura temporal cubierta con ramas), donde comen y, en algunos casos, pasan parte de su tiempo.
Pero ¿por qué vivir temporalmente bajo una estructura tan sencilla?
La respuesta se encuentra en las Escrituras. Levítico 23:42-43 ordena al pueblo de Israel habitar en cabañas durante siete días para recordar que Dios hizo habitar a los hijos de Israel en cabañas cuando los sacó de Egipto.
Sukkot es, por tanto, una celebración de memoria y agradecimiento.
Israel recuerda que hubo un tiempo en el que no tenía una tierra estable, que atravesó el desierto y que dependió de Dios para sobrevivir. La cabaña temporal se convierte así en un recordatorio: lo que tenemos hoy no debemos hacernos olvidar de quién nos sostuvo ayer.
Además de las cabañas, la celebración está asociada con ramas y frutos, y tiene un marcado carácter de alegría. De hecho, Deuteronomio 16:15 llama al pueblo a alegrarse delante del Señor.
Pero también, hay algo profundamente humano en Sukkot. La sukkah no es una casa permanente. Es temporal, frágil y vulnerable a las condiciones del clima.
Y precisamente por eso recuerda que la seguridad humana nunca es absoluta.
Construimos casas, acumulamos bienes, hacemos planes y buscamos estabilidad. Pero la vida nos recuerda constantemente que somos peregrinos y que dependemos de Dios mucho más de lo que a veces queremos reconocer. Sukkot invita a recordar que la provisión de Dios no debe darse por sentada.

¿Y qué puede decirle Sukkot al cristiano?
Como cristianos, no celebramos Sukkot como una obligación religiosa del calendario judío. Pero podemos contemplar su mensaje bíblico con profundo respeto.
Y aquí encontramos una conexión extraordinaria con Jesucristo.
Juan comienza su Evangelio diciendo: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.” (Juan 1:14).
La palabra utilizada por Juan para “habitó” está relacionada con la idea de poner su tienda o tabernáculo entre nosotros.
Juan está presentando a Jesús como aquel en quien Dios se acerca al ser humano de una manera extraordinaria.
El Dios que acompañó a Israel en su peregrinación. El Dios cuya presencia estuvo en medio de su pueblo, ahora se revela en Jesucristo.
No estamos diciendo que Sukkot sea una “fiesta cristiana” ni que Juan estuviera simplemente identificando a Jesús con la celebración. Estamos reconociendo que la imagen Bíblica de Dios habitando con su pueblo encuentra en Cristo una expresión profunda y maravillosa.
Sukkot nos recuerda que nuestras estructuras pueden ser temporales, pero la fidelidad de Dios permanece.
Nos recuerda que podemos mirar hacia atrás con gratitud, vivir el presente con confianza y mirar hacia adelante con esperanza.
Y para el cristiano, esa esperanza tiene un nombre: Jesucristo.
Él no solamente vino a hablarnos acerca de Dios. Él vino a acercarnos a Dios.

Por eso, mientras las familias judías levantan sus cabañas y recuerdan la protección y provisión de Dios durante el desierto, nosotros podemos detenernos y preguntarnos:
¿Hemos permitido que nuestras comodidades nos hagan olvidar nuestra dependencia de Dios?
Quizás necesitamos recordar nuevamente que muchas de las cosas que consideramos permanentes son, en realidad, temporales.
Las casas pasan. Los bienes pasan. Las temporadas cambian. Pero Dios permanece.
Y en Jesucristo tenemos la promesa de una presencia que no depende de una estructura construida por manos humanas.
Más allá de la noticia, Sukkot nos deja una verdad que trasciende generaciones: somos peregrinos en este mundo, pero no caminamos solos.
Dios ha prometido estar con su pueblo.
Y para nosotros, esa promesa encuentra su máxima expresión en Cristo:
Dios con nosotros. Emmanuel. Jesucristo