Después del 7 de octubre de 2023, el mundo cambió.
Tres años después, la pregunta ya no es solamente qué ocurrió aquel día, sino qué viene ahora.
La guerra y las tensiones en Medio Oriente han demostrado que vivimos en un mundo donde una crisis regional puede convertirse rápidamente en un problema internacional.
Durante los próximos meses, el mundo tendrá que enfrentar varias preguntas.
¿Se mantendrá la tensión entre Israel e Irán?
¿Podrá evitarse una nueva escalada militar?
¿Qué papel jugarán Estados Unidos, Rusia y China?
¿Podrán estabilizarse los mercados energéticos?
Y quizás una de las preguntas que más preocupa a las familias:
¿Cómo afectará todo esto nuestra economía?
Una nueva crisis energética podría provocar aumentos en el precio del petróleo, la gasolina, el transporte y los alimentos.
Pero la economía no es la única preocupación.
También existe el riesgo de que aumenten las tensiones políticas, el antisemitismo, la desinformación y la radicalización en diferentes partes del mundo.
Ante este panorama, es fácil caer en el miedo.
Pero debemos tener cuidado con quienes aseguran conocer exactamente lo que ocurrirá mañana.
Nadie sabe con certeza cómo evolucionarán estos conflictos.
Y tampoco debemos utilizar cada noticia para anunciar apresuradamente que una determinada profecía bíblica acaba de cumplirse.
La Biblia nos llama a estar atentos, pero también a vivir con discernimiento.
¿Qué debemos hacer?
Quizás esta sea la parte más importante.
Informarnos sin dejarnos manipular.
Defender la verdad sin convertirnos en personas llenas de odio.
Orar por Israel, por los palestinos y por todos los que sufren.
Y, sobre todo, recordar que nuestra seguridad definitiva no depende de lo que hagan las naciones.
El mundo puede cambiar. Los gobiernos pueden cambiar. Las fronteras pueden cambiar.
Los mercados pueden cambiar. Pero Dios no cambia.
Jesús nos advierte que vendrán tiempos difíciles, pero también nos dice: “No se turbe vuestro corazón.”
Por eso, mientras el mundo observa con preocupación lo que pueda ocurrir en los próximos meses, nosotros podemos mirar hacia el futuro con los ojos abiertos, pero con el corazón en paz.
No sabemos exactamente qué traerá mañana.
Pero sabemos quién tiene el mañana en sus manos. Y esa es nuestra esperanza.